RESEÑA – DORORO (2019) – Sr Geek

RESEÑA – DORORO (2019)

El nombre Osamu Tezuka es uno que todo conocedor de anime debe tener en cuenta ya que lo es todo. Si hoy en día el manga y anime se conocen como medios populares de entretenimiento, es gracias a este hombre al que se le sigue denominando como “el dios del manga”. Si tu nombre no te termina de cerrar, entonces tal vez te suene una de sus obras más reconocidas: Astroboy (1952), cuya adaptación es también conocida como el primer anime alguna vez emitido en Japón y su éxito fue tal que terminó repercutiendo en todo el mundo. Obviamente, con resaltar solo esto de su extensa carrera nos quedamos cortos, pero el punto de esta muy breve introducción es recordar otra de las historias traídas por Tezuka: Dororo. Este es un manga que salió en 1967 y logró tener una adaptación en 1969, volviéndolo muy popular en sus tiempos. Pasados los años, lo único que pudimos ver de esta historia fue un videojuego de PlayStation 2 en el 2004 y una película live-action en el 2007. 50 años pasaron hasta que el estudio MAPPA nos presentóuna nueva adaptación al anime a cargo del director Kazuhiro Furuhashi, quien trabajó en Rurouni Kenshin (1996) y Hunter x Hunter (1999).

La historia se sitúa durante el Periodo Sengoku, donde el señor Daigo decide sacrificar a su primogénito recién nacido para que doce demonios le concedan prosperidad a su dominio. De esta manera, el niño nace sin extremidades, sin piel ni ojos, nada. Solo es una cabeza y torso que termina siendo lanzado a su suerte por el río. Por suerte, un doctor lo encuentra, nota sus deseos de vivir y le confiere diversas prótesis de madera. Pasados 16 años, el niño ahora llamado Hyakkimaru decide usar las habilidades que aprendió para cazar demonios y recuperar su cuerpo. Al comenzar su viaje, se encontrará con Dororo, un pequeño ladrón que lo acompañará hasta el final.

Tal vez algunos no lo hayan notado, pero esta premisa tiene algunas similitudes con Astroboy ya que ambas historias tienen de protagonista a un joven artificial que fue repudiado por su familia original, para luego ser adoptado por un hombre (científico, doctor, lo que sea) que le enseñaría valores morales y lo prepararía para pelear contra el mal. Aun así, sería muy apresurado querer denominar a esta obra como un “copy-paste” porque Dororo (2019) tiene una historia bastante redonda y elaborada que se aleja rápidamente del niño robot con cuernitos.

La travesía de Dororo y Hyakkimaru es otro de los tantos carnales vistazos a una época donde la muerte era algo de la vida diaria. Ambos son huérfanos de la guerra que no tienen donde vivir y merodean por distintos pueblos para asegurar su supervivencia. La crudeza que maneja la trama no consiste solo en la violencia que representa a este periodo de la historia, sino también en la desesperación, tristeza y poca esperanza a la que se aferraban todos aquellos que no formaban parte de la realeza durante la guerra. El tema que envuelve a esta historia es el punto hasta el que estamos dispuestos a llegar para asegurar nuestra supervivencia y, al mismo tiempo, afirmar nuestra humanidad. Durante 24 capítulos, además de estar matando demonios y espectros a diestra y siniestra, a nuestros protagonistas se les irán presentando una gran galería de personajes que, de una forma u otra, representan el tema que acabo de mencionar y sus propias debilidades. Esto no quiere decir que el guion esté libre de errores. Hay ciertos momentos que, aunque escasos, logran que nos rasquemos un poco la cabeza tratando de encontrar sentido. Aun así, son perdonables a pesar de sacarle impacto a ciertos momentos o solucionar cuestiones de manera más sencilla. Nada de esto opaca realmente todo lo que el anime intenta expresar.

Dororo desarrolla muy bien a su dupla protagonista, pero también a todos los demás. La evolución que llevan a cabo Dororo y Hyakkimaru es muy clara y fluye perfectamente con el transcurso de la historia. La relación entre ambos es de las cosas que más brilla en esta adaptación, siendo ellos dos individuos distintos que se complementan entre sí y terminan dependiendo mucho el uno del otro. La química se percibe rápidamente y es divertido ver como Dororo trata de enseñarle a su nuevo compañero como comportarse como una persona normal. Al mismo tiempo, los cambios que se perciben en Hyakkimaru son muy interesantes y paradójicos ya que intenta recuperar lo que él considera que lo va a volver humano, pero también pierde parte de esa humanidad al ceder a sus emociones y en su necesidad de proteger a Dororo. El resto de personajes, aunque no se les dedique la misma cantidad de tiempo, tienen un desarrollo igual de rico y en ningún momento sentís que alguno este de más o que no aporte algo a la trama. Como ejemplo voy a usar a Tahomaru, el segundo hijo de Daigo y hermano menor de Hyakkimaru. Este pudo haber sido el típico príncipe mimado que no le importa nada más que reinar y tener el poder absoluto, pero por suerte fue lo contrario. Se nos muestra a un joven que se preocupa por el pueblo al que debe proteger y confía en sus camaradas. Cuando se le revela la existencia de su hermano mayor y su misión, Tahomaru accede a matarlo, pero no porque lo odie o se considere superior sino porque sabe que dicha misión va a repercutir negativamente en su reinado y en su gente.

Esto me lleva a otro punto que me pareció necesario remarcar y ese es el dilema moral que la serie propone. Se podría decir que Dororo expone su propia versión de “el dilema del tranvía”, es decir, aquel en el que una persona ve como un tren está a punto de matar a cinco personas y solo puede desviarlo a la vía donde se encuentra una persona. Ahí está la pregunta: ¿estamos dispuestos a sacrificar una vida para salvar cinco? ¿Realmente está bien que Hyakkimaru recupere su cuerpo a costa de la vida de cientos de personas que conforman el dominio de su padre? La respuesta más obvia sería que sí, pero la serie no escatima esfuerzo en hacer dudar tanto a los personajes como al espectador. Mientras más tiempo somos testigos de la travesía, más razones se nos dan para cuestionar el camino que recorre este joven samurái ya que su sed de sangre e impaciencia se vuelven demasiado notables. Sin embargo, al ser una versión modificada del dilema, hay que tener en cuenta que el contexto también es otro y se pueden escudar las acciones de Hyakkimaru como una especie de “justicia divina” donde se busca cambiar tanto las acciones del señor Daigo como las de todos los señores de Japón. Esto hace que volvamos a la cuestión que mencionamos más adelante: ¿Qué es ser humano? ¿Qué acciones lo definen? ¿Se basa solo en la apariencia o conlleva algo más interno y espiritual? Podría ahondar más en esto, pero creo que ya adelanté demasiado.

En cuanto a la animación, estudio MAPPA hizo un trabajo que seguro va a dejar conforme a más de uno. La serie adapta y moderniza el tan conocido estilo de Tezuka y logra que siga conservando su esencia. Por otro lado, las batallas que presenta están bastante elaboradas. Son fluidas, detalladas y sangrientas, todo lo que queres ver en un anime de samuráis. Sin embargo, hay momentos donde la calidad decae bastante y se nota increíblemente, especialmente en dos capítulos de la segunda mitad de la serie. Igual no se asusten, aunque impacten un poco, no afecta para nada a la calidad total de Dororo.

En resumen, Dororo es otro de los animes que destacó sin problemas en el 2019 y que lamento no haber visto antes. Es un gran homenaje a la obra de Osamu Tezuka que demuestra lo bien que envejece con el pasar de los años. Pueden ver este anime entero por la plataforma Amazon Prime.

SCORE:

A favor

  • Una historia fluida que desarrolla muy bien a todos sus personajes.
  • El dilema moral que planea.
  • Gran parte de la animación.

EN CONTRA

  • Tiene alguna que otra falla en animación y guion, pero es igual de recomendable.
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